Tren maya es una decisión tomada: Beneficio social compensa el impacto ambiental, dice FONATUR

El proyecto del Tren Maya es una obra de desarrollo cuyo beneficio social compensa el impacto ambiental, afirma el director de FONATUR, Rogelio Jiménez Pons.

“Es muy fácil decir de repente que no haya desarrollo. No podemos ser a ultranza conservacionistas cuando tenemos tanta miseria; tenemos que crear desarrollo y el desarrollo va a tener afectaciones al medio ambiente, obvio. Pero primero va la gente. No ganamos nada como país con tener jaguares gordos y niños famélicos; tiene que haber un equilibrio. Sí tiene qué haber jaguares bien comidos, pero con niños robustos y educados y capacitados. Ése es el tema: muchas veces va a implicar afectar el medio ambiente, pues remediemos las afectaciones”.

En entrevista, precisa que hoy las reservas de la biósfera en todo el país se encuentran “en el peor de los mundos”, por las invasiones de las comunidades aledañas “a causa de la miseria”.

“Es la miseria y la ignorancia, los dos juntos, la que ha echado a perder todas nuestras reservas de la biósfera. Montes Azules hace 25 años tenía 650 mil hectáreas, hoy tiene menos de 400 mil. ¿Qué pasó? No es un problema de biología, forestal, es un problema de miseria, es un problema social. Volteen a ver a Chiapas. Tan sólo de la reserva de la biósfera que ustedes dicen proteger es un desastre, pura miseria dentro de esas reservas de la biósfera. Aquí hay una oportunidad de crear una nueva cosa. Por eso hay tanto ataque también, yo lo entiendo, hay muchos santones del conservacionismo que están todos indignados porque no se les llamó o quieren que se les llame”.

El funcionario afirma que lo que están buscando “los antagónicos ambientalistas” es “parar a como dé lugar” el proyecto. “Pues inténtenlo, está bien. Están en su derecho. Pero, ¿cuál es la razón finalmente que un santón de la ecología lo quiera parar? Yo no lo entiendo a no ser que sea de intereses, ¿qué otra razón, técnica? Lo que va a resultar de esto desde el punto de vista ambiental es que empezarán a resarcirse muchas de las deficiencias de lo que no se hizo”.

De acuerdo con su visión, el tren es una obra social y de reordenamiento territorial que combatirá la miseria de la zona con viviendas en el espacio rehabilitado para la población de escasos recursos, además de capacitación y empleos, lo que a su vez impedirá que continúen las invasiones que están acabando con las reservas de la biósfera en el país.

Esto coloca a las comunidades indígenas de la Península en la disyuntiva de “subirse al tren” o dejar que “se los lleve”, enfatiza.

“Su situación es tan grave que al tener una perspectiva de trabajo y desarrollo puede haber gente que lo rechace -con todo el derecho- pero la gran mayoría lo ha estado aceptando. Cuando nos sentamos y platicamos, entre ellos mismos se pelean: ‘Oye, no puedes rechazar esto, es nuestro chance. Qué otra cosa tenemos’. Lo han dicho varias veces, literalmente: ‘O nos subimos al tren o nos lleva el tren’. Y es lógico. Vete a poner ahorita en Xpujil así, en la esquina a ver qué pasa. ¡Nada! Y sigue ese crecimiento amorfo, sin personalidad. Por qué no arreglamos todo esto para que sea bonito”, considera.

De acuerdo con la información del proyecto disponible hasta ahora, la obra consiste en un tren de velocidad media (160 km / h) de pasajeros, turismo y carga, con un recorrido de 1500 kilómetros por los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, a través de 15 estaciones (Palenque, Tenosique, Escárcega, Campeche, Mérida, Izamal, Chichén Itzá, Valladolid, Cancún, Puerto Morelos, Playa del Carmen, Tulum, Felipe Carrillo Puerto, Bacalar y Calakmul).

En cada una de las estaciones se tiene previsto desarrollar pequeñas ciudades, “pueblos bicicleteros” a partir de un reordenamiento territorial, en donde el 70 % sean áreas verdes y el 30 % urbanizado.

“Eso voltea la tortilla en términos ambientales y también sociales, porque son incluyentes. No se vale hacer ningún desarrollo si no tiene su zona de la gente más modesta ubicada dignamente en las cercanías de las áreas de producción. Para que, para que puedan ir a trabajar a pie. Hasta pedir limosna si hace falta, pero a pie”, dice Jiménez Pons.

La construcción del primer tramo, de Palenque a Mérida, se encuentra en marcha con la rehabilitación de la vía férrea que ya contaba con derecho de vía, por donde circulaba un tren de carga que data de hace 70 años. El plan integral y todos los estudios correspondientes para evaluar la viabilidad del proyecto aún se encuentran en proceso de licitación para su elaboración.

“Si hacemos bien la tarea podemos llegar a tener en 10 años un flujo de más de 3 millones de visitantes anuales. Esa es una meta asequible que va a significar la habilitación de infraestructura de recepción de ese volumen. No tanto al turista, sino a quienes van a atender ese turismo, la generación de empleos. Tengo que generar toda esa serie de programas urbanos que de paso empieza a ordenar el espacio de desarrollo”, considera.

“Les vamos a cumplir lo que les estamos prometiendo, porque les vamos a traer el desarrollo, porque los necesitamos para que se incorporen al trabajo. La gente local, sobretodo la más modesta y humilde, puede ver pasar el tren si no se capacita.

“Hay la franca y muy honesta convicción de hacer bien las cosas y que este bien sea empezar con acuerdo de las gentes. Lo primero que vamos a hacer es evitar un Atenco, no vamos a empezar a lo estúpido a tratar de desplazar y tomarle el pelo a la gente, ese fue el gran problema. Es todo lo contrario. Somos un gobierno distinto, eso que quede muy claro. Nosotros somos un grupo de izquierda, que inclusive está instaurando más que otra cosa un verdadero capitalismo, más allá del capitalismo de cuates que hay en México, muy corrupto por cierto, muy ineficiente por corrupción. No nos podemos sustraer de ese sistema económico que vivimos; saquemos el mejor provecho, hay oportunidades de hacerlo bien, pero con visión de integración económica y social para que ningún grupo esté desplazado”.